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PROGRAMA ESPECIAL A 30 AÑOS DE LA COPA INTERCONTINENTAL

 

Este martes 11 de diciembre, en conmemoración de los 30 años de la obtención del último título mundial para Nacional y el fútbol uruguayo, en Japón ante el PSV de Holanda, recibimos en la parrillada “Feliciano” a Jorge Seré, el arquero que se vistió de héroe en aquella memorable jornada, atajando cuatro penales en la recordada definición.

 

MÉRITO COLECTIVO Y NO INDIVIDUAL

“Estas cosas no las podés simplificar en un solo jugador. A veces el que hace el gol, el que ataja, o el que saca una pelota de la línea queda un poco más recordado. Yo me siento parte de un equipo. Evidentemente el hecho de haber atajado penales te deja un poco más arriba en la consideración. Como digo siempre: en la final de la Libertadores ganamos 3 a 0 y no toqué la pelota. Si alguien se acuerda de una atajada mía, que me avise, porque yo no me acuerdo. Y contra el PSV, si el primer tiempo hubiera sido 3 a 0, nadie se hubiera asustado, porque realmente Nacional jugó muy bien. Después, frente a la calidad del rival, lo que fue el segundo tiempo, uno ganando 1 a 0, inconscientemente no podía aguantar mucho más, ellos se nos vinieron y nos empataron. Pero podía haber sido 3 a 0 y yo no hubiera trascendido tanto, a pesar de que igual sería campeón del mundo. Se dio así con el tema de los penales. Siempre lo dije: yo llegué a atajar los penales que atajé porque también mis compañeros la metieron. No era fácil, han habido casos de arqueros que atajan dos o tres penales pero el equipo pierde porque los compañeros no la meten. Esto realmente tiene que ver con un equipo”.

 

EL CONTEXTO Y LOS ANTECEDENTES

“Es muy largo contar todo. Es difícil nombrar todos los mojones que hubo ese año. Siempre hay que acordarse del entorno y lo que venía pasando. Nacional venía de perder, a principios de 1987, una final con Peñarol por penales, en un torneo que Nacional ganó pero por un pacto se le cedía la posibilidad de una final a Peñarol. Después ese 1987 para Nacional fue malo a nivel local, y encima Peñarol sale campeón de América. Era bravísimo. Cuando yo firmo contrato, Nacional estaba por comenzar a jugar la Liguilla, para ver si clasificaba [a la Libertadores de 1988]. Sale campeón Wanderers, y Nacional entra a un desempate con Defensor, agarrado de un cablecito. [Roberto] Fleitas eligió jugadores que pudieran venir a complementar un plantel que venía muy golpeado. Porque hoy vos decís Cardaccio y Ostolaza, y te acordás de la final del mundo. Pero si los nombrabas a principios de 1988, te decían, ‘vienen de perder esto y aquello’. No era fácil para el técnico. Se apuntó a jugadores con una edad de 26 o 27 años. El ‘Pato’ Castro, Revelez, Lasarte, ‘Marito’ López, De Lima. La mayoría éramos bastante grandes”.

 

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LA INTERNA, EL GRUPO, HISTORIAS…

“Hicimos una gira por Centroamérica que fue de lo mejor que nos pasó. Hay frases hechas a veces. Viste cuando dicen ‘este grupo humano era fantástico’. En todos los grupos, y más cuando hay más de 20 personas, hay líos. En ese grupo, en ese viaje, Fleitas y Carminatti [preparador físico], que dormían juntos, se pelearon y se separaron de habitación. Carminatti tuvo que ir a dormir a la habitación de Walter Jaime y ‘Quique’ Vázquez, que eran utilero y masajista. Durante el año, hubo peleas y discusiones, pero de buena leche. Fleitas tenía un carácter bastante complicado. Yo jugué la final del mundo sin hablarme con él. Me peleaba a muerte. Me peleé dos días antes de la final. Le dije, ‘si me quiere mandar para Montevideo, mándeme’. Y no le dio para mandarme. Esto lo cuento porque muchas veces parece que todo tiene que ser un cuento de hadas. Los grupos funcionan si hay buena gente, que se diga las cosas de frente, aunque eso lleve a tener discusiones, enfrentamientos, o peleas. No todos éramos amigos ni teníamos una relación de hermanos, ni nos seguimos viendo todos los días. La fortaleza de ese equipo era la unidad por un objetivo, que hacía que entrenáramos para ser campeones del mundo, que nos cuidáramos para ser campeones del mundo, y que adentro de la cancha diéramos la vida para ser campeones del mundo. No estoy diciendo que estuviera peleado fulano con mengano. Pero en la diaria, en 360 días del año, no te gustaba como te habló uno, y discutías. El problema es cuando no discutís, y te guardás el rencor adentro. Lo que hubo en ese plantel fue mucha madurez, mucha inteligencia.”

 

EL LÍDER

“La frutilla de la torta que fue la llegada de Hugo [De León] a un grupo que ya tenía jugadores grandes como Mario Alles o el ‘Bocha’ Cardaccio, pero Hugo aportó una jerarquía que no teníamos todos los demás. Él ya había sido dos veces campeón de América. A mí me pasaba algo: yo tenía a Hugo adelante y me daba la sensación de que no podía perder un partido. Si encima le sumás a Revelez al lado, más aún. Y perdíamos, no es que no perdíamos”.

 

UN MOJÓN EN EL CAMINO

“Nos dimos cuenta de que podíamos hacer cosas buenas al principio del año, cuando le ganamos 3 a 0 en el Estadio, por la Supercopa, a un cuadrazo que tenía Flamengo. Y le ganamos 2 a 0 en Maracaná. Eliminamos a Flamengo con un global de 5 a 0. Jugaban Renato, Bebeto, Leandro, un cuadrazo. Nosotros en esa época teníamos dentro de nuestra cabeza la obligación de pelear cualquier título internacional”.

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