1966,el anochecer de las antorchas en el Parque Centralâ€
Aquel si que fue en año de profundos contrastes de alegrÃas y
sinsabores. El 30 de Enero se iniciaba la Libertadores, con el
clásico. Por aquellos calurosos dÃas, junto a mi amigo Quique Larrosa
(hasta poco antes de su fallecimiento en Febrero de este año, encargado
de la venta de butacas en el Parque) preparábamos nuestro
examen de Derecho Civil en su domicilio de 8 de Octubre y Garibaldi.
Preocupados por la situación que se daba en Nacional, que veÃa
acercarse la fecha y no tenia Director Técnico, decidimos interrumpir
el estudio y «escaparnos» hasta el Parque a ver la practica. Lo que
observamos aquella mañana nos dejo anonadados… Lo ya dicho, no habÃa
Técnico; los jugadores se retiraban cuando les parecÃa, en fin, las
perspectivas eran sombrÃas, tanto, que con Quique tenÃamos temor de
recibir una goleada histórica.
Los manyas tenÃan equipo armado y
estaban con todo; en Nacional, aparte de no tener Dirección Técnica,
iban a debutar varios recientemente incorporados, a saber: Montero
Castillo, Techera, Cascarilla Morales, Orlando Virgili… Y llegó el
clásico, y hubo goleada…pero a favor nuestro. Cascarilla. Techerita,
Virgili y Domingo Pérez, concretaron el 4 a 0, que no fue 5 porque
Mazurkiewicz le hizo una increÃble atajada a un cabezazo del Chufla
Ramos… Gran euforia, parecÃamos haber encontrado el equipo. Sin
embargo, la realidad era que formar un conjunto que tuviera
regularidad, con tantos jugadores buenos pero inexperimentes, no era
sencillo, máxime tomando como referencia la natural competencia contra
los manyas, que tenÃan buenos jugadores y equipo con continuidad.
Perdimos tres clásicos al hilo y quedamos fuera de la Libertadores;
ellos siguieron de largo, hasta ganarla, contra aquel equipo «flan» de
River argentino, que desde 1957 se especializaba en perder cuanto
campeonato se le cruzaba en el camino, y que increÃblemente siguió en lo
mismo hasta 1975… Y empezó el Uruguayo, con la Dirección Técnica de
Roberto Scarone. Nacional habÃa logrado un estilo muy aguerrido en
defensa y mediocampo, y con la incorporación de Eduardo Curia de Vélez
Sarsfield, una interesante movilidad y goleo en ataque. Pero el reto
era muy difÃcil. Allá por Octubre, los manyas jugaron contra el Real,
y ganaron la Intercontinental.
 La cosa se ponÃa bastante imbancable…
 Un amigo, funcionario de la compañÃa de aviación en que
los manyas viajaron a Madrid, me contaba, que a la vuelta, en el avión,
hablaban de venir a liquidar a Nacional por el Uruguayo… En medio de
este clima de superioridad del rival, con la prensa que aun la
agrandaba y su hinchada eufórica y burlona, se llega al clásico de la
2da. rueda. NACIONAL 2 puntos arriba a falta de la ultima fecha
contra Racing. Pero todo el favoritismo era para ellos, que daban por
hecho ganar y alcanzarnos en la tabla. El partido fue durÃsimo; ellos
estaban «enchufados» al máximo, pero Nacional se planto firme en medio
campo y defensa. Y llego el penal; como siempre, el infalible Juan
MartÃn Mujica pone el 1 a 0. Ese gol valÃa oro. Ellos tenÃan temible
juego aéreo, y un ejecutante de centros como Abbadie, que era muy
peligroso. Sin embargo, esa tarde Roberto Sosa, descolgaba cuanto
centro caÃa en el área.
De repente, un pase profundo, Spencer arremete,
pero Sosa llega antes y despeja; pero la pierna del moreno sigue de
largo e impacta en el pecho del golero. El rechazo de Sosa derivo la
pelota hacia el costado derecho, donde la toma Abbadie, que queda
indeciso, creyendo que el juez habÃa sancionado el foul; cuando se da
cuenta que nada habÃan cobrado, y viendo el arco libre, (Sosa estaba en
el suelo) se apresta a tirar centro o quizá directo al arco; cerca de
ahà andaba el «Chufla » Ramos, que cuando se percata que el juego
seguÃa, con gran bronca y determinación se lleva a Abbadie con pelota
y todo a pechazo limpio hasta el banderÃn del corner. Sosa tuvo que
salir, con el fuertÃsimo impacto de los tapones de Spencer en el pecho,
y en su lugar entro Jacinto Callero, el moreno suplente que casi nunca
jugaba. Y siguieron cayendo los centros, hasta que en uno de ellos
llego el empate.
Faltaban aun 15 minutos y el tono era dramático…
Pelota que venia por el aire, morenos que arremetÃan, y golero, también
moreno, que se debatÃa, ya atrapando la pelota, o despejándola con los
puños en medio de la multitud de defensa y atacantes. Y asÃ, con la
emoción al máximo llego el final. Dos puntos arriba, a falta del
partido con Racing, Pero la hinchada festejaba por anticipado en la
tribuna, ante la bronca de los manyas, que veÃan perder el
campeonato. Espontáneamente, sin querer esperar una semana, se
iniciaba la fiesta, quizá en forma temerariamente anticipada; de pronto
se corrió la voz: todos al Parque Central. AsÃ, portando antorchas
encendidas, improvisadas con papel de diario, marcho la hinchada al
Parque. Al llegar las puertas de la tribuna Norte (hoy José MarÃa
Delgado) estaban abiertas. La misma se fue llenando con 3 o 4 mil
personas, alas que se sumaban cada vez más al enterarse del
acontecimiento.
El entusiasmo y la alegrÃa precipitaron el paso
siguiente: a copar 18 de Julio, feudo exclusivo de los manyas en los
últimos tiempos. Y allà marcho aquella columna tricolor; a pie, autos,
camiones y tres grandes semirremolques completos. Se pueden imaginar
que los manyas que estaban a esa hora por el centro, al ver ese
despliegue tenÃan la cara hasta el piso. En esos tiempos estaba la
idea, apoyada por la prensa, que todo lo de Peñarol era superior ya
fuera el concepto de institución, dirigentes y jugadores. Entonces, en
ese clima de euforia anticipada, nació espontánea la letra que decÃa,
en tono de sorna, para gran bronca de los manyas:_ No tenemos
dirigentes, no tenemos jugadores, no tenemos un carajo pero igual somos
campeones… Al otro domingo, eso se confirmaba con el triunfo 2 a 1
contra Racing-
Allà se inicio otra cargada: ellos ya no eran, como se
decÃan Campeones del Mundo, sino Del Resto del Mundo; aquÃ, en plena
euforia manya, Nacional otra vez campeón…
Antoño Venditto
   







